Pensemos en el siglo XXI e imaginemos a la moda como una planta , en primer lugar, la insatisfacción puede cumplir el rol de las semillas. La devaluación de las cosas, cumpliría el rol de las raíces. Nosotros, los humanos, cumpliríamos el rol del tallo. Por otro lado, las hojas podrían ser la necesidad de adquirir productos más novedosos. Arriba de todo, quedarían las flores, que serían representadas por las industrias de consumo.
En la sociedad de consumo, la insatisfacción está presente constantemente. Los productos, las modas, las ropas e incluso las modelos, pasan de moda rápidamente, se desvalorizan y, debido a esto, éstas son reemplazadas por cosas nuevas, es decir que lo que antes era presentado como “lo mejor” es viejo y ya no sirve, por lo tanto tiene que ser reemplazado por algo aún mejor. Como consecuencia de esto, nuestros estilos de vida que forman parte de nuestra identidad están marcados por los productos que los medios nos presentan como ideales para llevar el estilo de vida más adecuado en relación a nuestra forma de ser.
Uno de los mayores objetivos de las industrias de consumo es hacer que el consumidor se convierta en un objeto consumible. El no pertenecer a una sociedad de consumo puede generar miedo en el individuo, miedo a no ser parte de un grupo, miedo a ser criticado, miedo a no ser aceptado; por lo tanto, las industrias se “aprovechan” de ese miedo generando más deseos, es decir, más ventas.
Para desarrollar estos temas me voy a basar en dos fuentes; en el libro “Las Chicas de Alambre” y en el documental “The True Cost”.
Por un lado, en el caso del libro “Las Chicas de Alambre”, el narrador cuenta que las modelos rondan entre los 14 años hasta los 25 años, después de esto, ya no son tan reconocidos, ya que al considerar a la persona como un objeto, una cosa, tienen un tiempo de caducación, es decir que cuando la modelo ya tiene 25 años, ya hay modelos nuevas de 14/15 años que reemplazarían a ésta. Es importante la cosificación que hacen las industrias de modelos y la desvalorización que le dan a sus vidas; al usar a alguien como algo, los sentimientos de ese “algo” pueden ser afectados, al igual que lo fue en el caso de Vania; cuando ella fue internada, pocos fans fueron a visitarla y en los 10 años que pasaron nadie la había buscado, excepto John Boix, debido a que ya había pasado de moda y a que nuevas modelos eran consideradas “tops”.
Por otro lado, el documental aborda el problema de miles de hombres y mujeres que trabajan en condiciones miserables en países subdesarrollados como Bangladesh ubicado en Asia, donde trabajan por largas jornadas de trabajo ganando alrededor de 3 dólares al día para fabricar la ropa de las marcas de moda rápida Americanas y Europeas, ya que ninguna otra industria depende tanto de la mano de obra como la moda.
“La mano de obra barata en esta industria ha tenido consecuencias devastadoras de
pérdidas humanas, como por ejemplo en el caso del edificio René Plaza en BangladeshBangladés, que funcionaba como fábricas de ropa, y se derrumbó por malas condiciones dejando un saldo de 1127 muertos y 2437 de heridos, este hecho llevó a muchos empleados a alzar la voz y exigir mejores condiciones y sueldos, ya que dicho edificio fue declarado inhabitable un día antes debido a las grietas que aparecieron en su estructura, sin embargo a los trabajadores se les dio la orden de asistir a su jornada laboral normal.” (The True Cost).
Otro de los problemas que surgen a partir de colecciones de moda más cortas es la contaminación ambiental por parte del consumidor, de acuerdo con True Cost, se producen 52 temporadas de ropa al año, por lo cual el consumidor promedio americano y europeo adquiere más ropa al año de lo que se consumía en décadas anteriores, por lo mismo las prendas al ser más baratas se rompen con facilidad y los consumidores las desechan después de algunas lavadas, generando gran cantidad de ropa que contamina el medio ambiente y tardará años en descomponerse.
En ambos casos podemos ver como desvalorizan las cosas, a quien tienen a su alrededor, y de alguna u otra forma la gente le quita importancia a su personalidad, a su “identidad”, ya que se va moldeando por el miedo a no pertenecer a la sociedad y de quedarse afuera, excluído. Desde mi punto de vista, esto te ayuda a pensar fuera de lo que se ve, es decir, fuera de tener o no tener esa remera nueva que está de moda, sino que te ayuda a valorar todo el trabajo que hace la gente para que puedas tenerla. También ayuda a tomar conciencia y no dejarse influenciar por los demás, porque ser tu mismo es lo más increíble y admirable que puede experimentar un ser humano.
Finalmente, intentemos de convertir esas semillas de la planta en satisfacción, es decir, amemos las cosas simples de la vida y no nos dejemos llevar por el mundo glamoroso. Convirtamos esas raíces en valores, aprendamos a valorar lo que tenemos, no necesariamente objetos sino a las personas que nos rodean, porque no sabemos si mañana se va a caer un edificio o si a alguien cercano no va a estar más. Por otro lado, hagamos que el tallo sean los medios de comunicación, los medios que “transportan” la buena energía y los valores a las hojas y a las flores. Que las hojas sean las ONG ambientalistas para que así puedan ayudar al medioambiente. Finalmente, que las flores seamos nosotros, que seamos nosotros quienes decidamos qué hacer con nuestras vidas, con nuestra forma de ser, que seamos nosotros los que nos veamos beneficiados y satisfechos, porque como dice Epicuro de Samos “El que no considera lo que tiene como la riqueza más grande, es desdichado, aunque sea dueño del mundo.”




