
En el 2017, el colegio hizo su viaje solidario, como los últimos 2 años, hacia San Antonio de Litín, Córdoba, un pequeño pueblo de apenas 5 cuadras por 5 cuadras. Es un pueblito rural de, imagino, no más de 300 habitantes, el pueblo poseía un colegio público y rural donde todos los chicos iban a estudiar y cuando llegaban al 6 año ya iban a estudiar y trabajar al campo.
Allí fue donde nos hospedamos, mientras que todos los días íbamos a restaurar algún colegio rural de la zona. Pero primero debería empezar con la previa del viaje las maneras en la que nos organizamos antes del viaje ese viernes frío a las 8 de la mañana, todos parados afuera del bondi viendo cómo íbamos a hacer entrar todas las cosas que teníamos que llevar. Justo en ese momento, Pablo León dijo: “los dos más bajitos súbanse al bondi a subir todo”. ¿Y quién se tenía que subir? Rami. Me subí al baúl del bondi a acomodar todo, cada cosa que entraba tenía que moverlo y acomodarlo para aprovechar todo el espacio posible, terminé totalmente cansado de acomodar los muebles, poner todo el material de un viaje de 40 personas en un espacio de 1.5 x 1.5 x 1.5, esto fue sin lugar a dudas el trabajo más difícil.
El viaje fue coordinado por el equipo PAS del colegio el cual se encarga de todos los proyectos solidarios que realiza el mismo, este mismo se dedicó a buscar el primer año el pueblo de Litín y todos los años siguientes poniéndose en contacto con distintos colegios de la zona para ver cual puede recibir nuestra ayuda, también se encarga de organizar eventos para juntar plata.
Fuimos al viaje con algunos egresados del año anterior, que funcionaban como líderes de trabajo para guiarnos en cómo hacer ciertos trabajos en la estación de bomberos del pueblo, donde nos hospedamos gracias a la gentileza del jefe de bomberos que nos dejaba el espacio. Para tener cuartel en orden, se establecen distintas tareas como lavado, cocina, limpieza general, etc. Cada uno de nosotros, los cuales éramos la primera vez que íbamos, teníamos que pasar por cada una de las estaciones de trabajo, pero todo esto venía después de la razón principal por la que fuimos, restaurar un colegio rural: todos los días cerca de las 8 de la mañana un micro con nosotros y dos profesores salía de la estación rumbo al colegio, todavía me acuerdo que cuando llegamos todos hicimos una ronda con los chicos y la profesora, la cual no recuerdo el nombre, pero sí sé que ella era la que mantenía todo el colegio, ella cocinaba, enseñaba, hacía de directora, etc. Era la única figura adulta de la escuelita.
La anécdota que todavía me acuerdo fue un día donde un amigo (Manu Español) y yo estábamos en la estación de cocina y teníamos que preparar la cena, cuestión que todo nuestro equipo no estaba, solo nosotros y una profesora (Cintia Furmento), teníamos que hacer fideos para 40 personas así que usamos una cacerola grande y metimos 3 de los 6 paquetes de fideos que había para empezar, a lo que posteriormente luego de 5 minutos con los fideos ya en el agua aparece la profesora y dice «pero échenle más». Ella agarró los paquetes restantes y los metió todos, con mi amigo nos miramos preguntándonos si eso estaba bien pero no le dimos más importancia. Resulta que después salieron los fideos con el peor sabor que probé y hasta el día de hoy todavía me cargan con esto.
No me acuerdo como fue el trabajo esos 3 días ni qué hicimos, pero lo que sí sé es que este viaje me cambió mi forma de pensar por completo, me enseñó que puedo hacer un cambio enorme en la vida de alguien con el suficiente esfuerzo y empeño, por esto principalmente este viaje fue el mejor que hice en mi vida.

